“El futuro es ahora”

Un relato breve de Alejandro Mos Riera, 2020

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“Ladies and Gentlemen We Are Floating in Space”

Spiritualized

Relataré los hechos como reales, pero a sabiendas que, en este caso la realidad supera la ciencia ficción.

Después de varios meses en cuarentena, la realidad es algo de otro mundo, y ahí quiero llegar. La lectura, el cine y la música en grandes dosis forman buena parte de mi nueva normalidad en la clausura de mi casa.

Creía haber leído muchas leyendas sobre la anécdota de la increíble, pero cierta historia, del pánico a una invasión alienígena, relatada en un libro por H.G. Wells y retransmitida en directo en la radio americana por otro Welles, Orson Welles.

Así que como tenía tiempo para no hacer nada, porque no podíamos salir, por orden gubernamental y sanitaria, de casa, excepto para lo estrictamente necesario y esencial.

La noche de Halloween del infausto 2020 busqué una copia, en Internet, el gran archivo del mundo, de la grabación de radio de varias horas, de la gran performance de Orson Welles sobre la retransmisión de “La guerra de los mundos” de Herbert George Welles y con café recién hecho traté de adentrarme y entender algo, de alguna manera, inexplicable.

Así estábamos todos este tiempo temible, sin poder salir de nosotros mismos, llenos de incertidumbre, de ansiedad, de miedo. De algún modo, personajes de la película “El ángel exterminador” de Luis Buñuel. Sin poder salir de la madriguera por una fuerza invisible.

Varias horas después, alrededor de 6:30 de la mañana, sobre la pantalla azul de la telerrealidad, cuando la retransmisión llegaba a su fin, salí al balcón a mirar el cielo para observar Venus, que es visible antes del amanecer, a esa hora en noviembre. Este verano se había descubierto un cometa desconocido de nombre Neowise a unos 103 millones de kilómetros de distancia y tuve la suerte de observarlo varias veces.

Entonces, sentí una epifanía celeste, tal vez basada en la imaginación. No espero que me crean, aunque diga la verdad, mi verdad. En este momento en el mundo, parece que hay cosas más importantes, que un mensaje interestelar a nuestro planeta de otra civilización extraterrestre por medio de un cometa, como nave interestelar.

Ahora, aunque gran parte de la humanidad lo ignora, la naturaleza en nuestro planeta está al borde de la sexta extinción masiva, y para qué hablar del único tema de conversación y la gran preocupación de la población mundial: la pandemia global y el coronavirus.

Sí, el maldito virus que trata de doblegar a la humanidad, aunque mientras escribo estas líneas, parece inminente el hito del descubrimiento de una vacuna eficaz y su distribución mundial para el comienzo del próximo año. En cuanto al virus, la ciencia de no ficción y la invasión alienígena: también sucede en el libro de la guerra de los mundos que, justo cuando la humanidad estaba a punto de desaparecer por una invasión alienígena, las bacterias terrestres se encargaron de hacer sucumbir a los marcianos por su falta de inmunidad natural y su retirada a Marte por miedo a una contaminación interplanetaria de regreso.

¿Es la Covid-19 un virus extraterrestre para exterminar a la humanidad? No lo creo. Tampoco creo, que el descubrimiento de la vacuna de la Covid-19 se deba a una inteligencia extraterrenal. Y sí a un desafío científico del mundo, donde más de 120 iniciativas compiten y colaboran en una carrera a contrarreloj sin precedentes para encontrar una vacuna para erradicar la Covid-19 y salvar a la humanidad. En tiempos de incertidumbre es muy difícil creer la verdad y distinguir con sentido común un burdo rumor, una simple mentira.

El viejo mundo está muriendo, desmoronándose. Hay que reconstruirlo sobre las cenizas de la historia y comenzar de nuevo. Un nuevo mundo está naciendo.

La revelación al contemplar Venus, se basa en la exploración espacial reciente y los recientes signos de vida encontrados en otros mundos lejos de nuestro hogar en el cosmos. El agua descubierto en la Luna. Microorganismos en Marte. La detección de una molécula circular en la atmósfera de Titán. Señales de radio de posibles estrellas de neutrones, de agujeros negros, púlsares con estrellas compañeras, implosiones de cadáveres estelares, magnetares o, quizás, emisiones de civilizaciones alienígenas avanzadas.

El origen de la vida es uno de los misterios más persistentes del universo, y aunque hasta la fecha existen algunas hipótesis al respecto, todavía no se sabe a ciencia cierta cómo fue que la chispa de la vida surgió en medio de la materia inerte.

Nuestra vida es un parpadeo en la faz de la Tierra. El planeta Tierra es, un pequeño pueblo con multitud de vecinos, en un verdaderamente inmenso universo.

¿Acaso no es más lógico pensar que una raza extraterrestre más avanzada pasaría desapercibida para nosotros, de la misma forma que una anémona o una bacteria no tienen conocimiento de la existencia del hombre?

Volviendo al cine, tuve la fortuna de volver a ver en un teatro una proyección de “2001, una odisea espacial” hace un año más o menos. Citaré estas palabras reveladoras para el futuro de Stanley Kubrick:

Piensa en un tipo de vida que haya evolucionado en uno de esos planetas por cientos de miles de años, y piensa, también, que tipo de avances tecnológicos relativamente grandes ha hecho el hombre en 6 mil años de civilización registrada -un periodo que es menos que un solo grano de arena en un reloj cósmico de arena. Al tiempo que los ancestros distantes del hombre empezaron a salir del mar primordial, ya deben de haber existido civilizaciones en el universo enviando sus astronaves a explorar las regiones más lejanas del cosmos y conquistando los secretos de la naturaleza. Tales inteligencias cósmicas, creciendo en conocimiento por eones, estarían tan distantes del hombre como nosotros estamos de las hormigas. Podrían estar en comunicación telepática instantánea a lo largo del universo, podrían haber logrado la maestría total sobre la materia y de esta forma se podrían transportar instantáneamente a través de billones de años luz de espacio; en su última fase podrían abandonar la forma física y existir como una consciencia incorpórea inmortal en todo el universo.

Una vez que empiezas a discutir las posibilidades, te das cuenta que las implicaciones religiosas son inevitables, porque todos los atributos esenciales de tales inteligencias extraterrestres son atributos que le damos a Dios. Con lo que en realidad estamos tratando aquí es con la definición científica de Dios. Y si estos seres de inteligencia pura alguna vez intervinieron con los asuntos del hombre, sus poderes estarían tan lejanos a nuestro entendimiento. ¿Cómo verá una hormiga el pie que aplasta su hormiguero–cómo la acción de un ser en una escala evolutiva superior? ¿O cómo la divina y terrible intercesión de Dios?.

Conscientes de que incluso como Noosfera somos como microorganismos en la red cósmica. Tal vez pronto descubriremos una cápsula de tiempo, un mensaje espacial, señales de vida, de alguna de las miles o cientos de miles de formas de existencia posibles en nuestro universo.

Cuando escuchamos hablar de “velocidad de la luz” suele venir a nuestra cabeza la idea de rapidez, y es que a día de hoy la velocidad de la luz es la más rápida que cualquier objeto material puede viajar a través del espacio.

Una partícula de luz (un fotón) puede viajar a unos 299.792 kilómetros por segundo. Un fotón tardaría tres minutos y dos segundos en viajar entre la Tierra y Marte, es decir, seis minutos y cuatro segundos para un viaje de ida y vuelta a la velocidad de la luz. Un fotón tardaría 8 minutos y 17 segundos en viajar a la velocidad de la luz desde la superficie del Sol hasta la superficie de la Tierra.

Viajar a la velocidad de la luz por el Sistema Solar puede ser extremadamente lento, así que nosotros como formas de vida en un sistema solar, en una galaxia, en un cúmulo de miles de galaxias, en una red cósmica, somos hormigas que aún llevan menos de un siglo viajando por el espacio. Solitarios viajeros interestelares en la arena cósmica.

En un milenio, nuestro tiempo será recordado como el momento en que nos alejamos de la Tierra por primera vez y la miramos desde más allá del último de los planetas, como un punto azul pálido casi perdido en un inmenso mar de estrellas.

Regresando a casa, al planeta Tierra, amanece y es otro día más de confinamiento, en una pandemia global. Las estrellas del firmamento, ahora, son invisibles de día. Hay siete mil millones de mundos en este planeta. Aún sigo vivo. El futuro es ahora.

***

Un relato de Alejandro Mos Riera, Noviembre de 2020.

(Extraído del libro de historias breves “Vivir en los cuentos”)

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Alejandro Mos Riera is a Spanish polymath. Poet, writer, journalist, painter, photographer, musician and filmmaker. http://about.me/mosriera http://riera.info

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