Image for post
Image for post

La vida es breve, sobre todo al final.

De entrada parecía sencillo, un trabajo de mañana a tarde, con vacaciones, sueldo digno, armonía entre los compañeros. Algo difícil, si no imposible, de encontrar en estos tiempos. Cuando el miedo a la inseguridad laboral era una arma contra las condiciones de los trabajadores. Así que, todo estaba en calma, en la tormenta de la vida alrededor.

Luego entendí, mientras pasaban las semanas, y los meses, que algo no encajaba. El primer mes de septiembre, mientras las hojas caían de los árboles, desde la ventana de la oficina podía observar el ritmo de la calle central, de alguna manera la gente caminando entre la lluvia por las calles con paraguas, pude observar, mientras escribía un informe, como salía el sol y de pronto se hacía de noche dos veces, no entendía cómo podía suceder ante mis ojos la vida a otras velocidades. Acusé mi alucinación, a que era lunes y la noche pasada apenas podía dormir por el ruido de los coches de la autopista cercana.

Luego llegaron los mensajes de otros ladrones de tiempo. De pronto al salir a la calle comencé a observar la vida en fotografías, las palomas al vuelo, las copas de los árboles, los coches de la ciudad, las luces de la ciudad, todo como fotografías impresas en blanco y negro. No recordaba nada, solo veía las fotografías en mis propios ojos sin una cámara de fotos.

Entendí que había algo extremadamente raro en esta percepción del tiempo, así que entré al museo y entendí que allí era lo más natural, una escultura era una persona de piedra que podía ver siglos en un solo día, que una pintura de Pablo Picasso podía estar más viva que la propia vida. Así, luego después de tomar una taza de café, me fui al cine, y comprendí que eso era la vida, que en las películas se vive realmente, y en la eternidad.

Una película realmente duraba miles de horas en cada proyección, pues era una hora y media por cada espectador en cada proyección. Ese era mi primer trabajo en la sociedad secreta, contar el tiempo gastado por los espectadores del cine. Era una contabilidad compleja, porque de cada segundo había que contar 24 fotografías que detienen el tiempo para siempre, en una sola película de tiempo objetivo había casi 200.000 fotografías. Es decir, si de una sola imagen, vale más de mil palabras, mil imágenes valen más que un millón de palabras.

En un solo libro de Homero podía haber millones de lectores, siglos. En una canción de The Beatles había millones de oyentes, contenidas en poco más tres minutos, así en cada una de las bellas artes. Es sabido que el arte, sobrevive al tiempo.

Era una fortuna para los ladrones de tiempo, el Arte.

Siempre me había preguntado donde se iba el tiempo, cuando el tiempo pasa, a dónde se va. Entendí que el tiempo no existía, para esta sociedad secreta, todo era el presente, era la eternidad en cada segundo, sin principio ni final, nada se destruye, nada se olvida. Todos los siglos ocurren ahora.

Nunca entenderé como la mayoría de la gente se conforma con la realidad objetiva del tiempo lineal, el paso de las estaciones, nacimiento, la niñez, la juventud, madurez, vejez y muerte. Primavera, verano, otoño, invierno… y primavera.

Hoy llegó la carta sellada, ahora soy uno más de la sociedad secreta, perdido para siempre, en la eternidad del tiempo.

***

Alejandro Mos Riera, 2019

Texto extraído del libro de relatos «Vivir en los cuentos» (La vida es cuento)

Written by

Alejandro Mos Riera is a Spanish polymath. Poet, writer, journalist, painter, photographer, musician and filmmaker. http://about.me/mosriera http://riera.info

Get the Medium app

A button that says 'Download on the App Store', and if clicked it will lead you to the iOS App store
A button that says 'Get it on, Google Play', and if clicked it will lead you to the Google Play store